jueves, 20 de octubre de 2016

Larga vida a la Edad de Plata del Rol nacional

Pasad, por favor pasad. No os quedéis en la entrada. Os invito a mi humilde morada, seguro que alguna cosa veréis que sea de vuestro interés. Entrad sin miedo. Fijaos en esta estantería, aquí están mis más preciados tesoros. Para mi tienen un valor incalculable, aunque puede que a algunos no compartan la misma opinión. Es mi colección de rol. En la parte superior podéis ver libros actuales, de editoriales jóvenes, optimistas, con ganas de hacer las cosas bien. Pero si seguís mirando, si, más abajo, ahí encontraréis libros de editoriales extintas: Joc, la Factoría, TSR, FASA... Veo que os habéis fijado en ese viejo manual de la Llamada de Cthulhu, no tenéis mal ojo, se trata de un libro muy especial. Con él comenzó todo, al menos para mi. Si bien comencé a jugar al rol a finales de los 80, principios de los 90 con El Señor de los Anillos, junto a los amigos del pueblo donde veraneaba, al volver a Madrid, con la gente del colegio descubrí Stormbringer y no pude sino liberar por completo mi imaginación con mundos fantásticos y aventuras imposibles, donde yo podía ser el protagonista. Algo asombroso. Por aquel tiempo, recuerdo, le cogí prestado a mi hermana, mayor que yo, un pequeño librito, al estilo de las novelas pulp, que había editado Alianza Editorial por el ajustado precio de 100 pesetas y que se vendía en máquinas en el Metro. Se trataba de El Horror de Dunwich. Fue un impacto enorme. Desde aquel momento devoré con ansía todo aquello que llevase la firma de H.P. Lovecraft, acudiendo a cualquier biblioteca en que pudiera encontrar un volumen de mi adorado escritor. En las navidades de ese año, mis padres nos dieron algo de dinero, a mi hermana y a mi, y nos fuimos al centro a comprarnos los regalos de navidad. Fue en una pequeña librería junto a la puerta del sol, debajo de Decomisos en Arenal, mientras esperaba que mi hermana se comprase algún libro cuando descubrí el manual de La Llamada de Cthulhu. Ni siquiera sabía que existía. Pero no lo dude ni por un instante, y jamás me he arrepentido. Los regalos de aquel año fueron un manual de rol que me marcaría enormemente y una casete de Iron Maiden, que todos tenemos un pasado.


Los 90 fueron una edad luminosa para los aficionados al rol. Las tardes interminables jugando partidas eternas. El absoluto desconocimiento de las reglas y su aplicación intuitiva. Las discusiones posteriores sobre cualquier cosa que hubiese acaecido. Fueron días increibles, pero llegaron a su fin. La edad de oro del rol en España se acabó por el auge de los juegos de cartas, por la desaparición de las editoriales que marcaban el ritmo, por el sensacionalismo barato e ignorante de los medios de comunicación asociando crímenes horribles con un entretenimiento lúdico...

Todo aquello pasó, ¿o no? Porque hoy en día es terriblemente sencillo poder disfrutar de una cantidad ingente de manuales, suplementos y otros accesorios, tanto de pago como gratuitos. Porque hoy se puede jugar a cualquier hora con cualquier persona del mundo a través de las redes sociales. Porque hoy el aficionado es más maduro, más preparado y no está aislado. Ya no tenemos el impulso y la ingenuidad de la juventud, pero nuestra convicción es firme y vigorosa. Puede que los días que vivimos no sean tan brillantes como aquellos, puede que algunos peinemos canas, por eso es perfecto denominar a este nuevo resurgir de la afición como Edad de Plata del Rol. 

La producción profesional tiene unos niveles de excelencia difícilmente encontrables en el pasado. Pero, además, la producción amateur de los diversos aficionados es remarcable, tanto por calidad como por profusión e imaginatividad. Los diversos movimientos que aparecen día tras día fomentando, incrementando y expandiendo el rol son incuestionables. No lo duden, no caigan en el pesimismo ante alguna noticia negativa que pueda surgir. El rol en España goza de una muy buena salud, eso es algo de lo que debemos felicitarnos. Pero no caigamos en la autocomplacencia. Si un blog cierra, que otro esté listo para tomar su relevo. Si una convención cae que otra se retroalimente para ocupar su espacio. Y si alguna línea está en problemas que la comunidad se junte para defender lo que legítimamente es suyo. Este es mi manifiesto, estos son mis principios ¡¡LARGA VIDA A LA EDAD DE PLATA DEL ROL!! y sobre todo: Sigan jugando!